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No tenía ni juicio ni vergüenza. Levanté las piernas, apoyando las rodillas sobre mis pechos. Estaba totalmente expuesta, entregada a un error irreversible de la naturaleza. Él no aflojaba el ritmo de su penetración manual. Mi excitación iba en aumento, y el calor se extendía a lo largo de todo mi cuerpo. Comencé a chillar como una poseída, concertando gemidos graves y agudos lamentos:. Apoyé una pierna sobre el hombro de mi diminuto amante, pero pronto comprobé que no era capaz de soportar el peso.

El placer era insoportable, así que cerré las piernas casi instintivamente para disfrutar de un pequeño descanso. Albert no se retiró. Sentía su aliento en mi vagina, que estaba enrojecida. Acaricié su cabeza con sensualidad y me reí. La situación era tan excitante que en mi calentura, que no pude aguantarme. Él pareció molestarse cuando le dije:. Le insulté mientras le acariciaba la cara. Pude ver el dolor en su mirada, luego su furia.

Su mano rechoncha y malformada me propinó una sonora bofetada. No tuve tiempo para defenderme, ni de contraatacar. Cuando quise darme cuenta, Albert me había agarrado por el pelo e introducido su verga en mi boca diciendo:. Yo agarré su mango, concentré toda la saliva que había en mi boca y la escupí sobre su glande.

Las babas colgaban de mis comisuras, y de mi barbilla. Yo me lleve mi mano a mi cara pues me había dolido, a mi nunca nadie me había tratado así y ahora venia un maldito enano y me pegaba dos buenas bofetadas en la cara. Fui a protestar y él volvió a darme otra bofetada y me dijo:. Me las sujete con mis manos. Entonces empezó a trabajarme con sus dedos untados de la misma pomada mi agujerito del culo hasta que consiguió dilatarlo lo que él creyó suficiente, después apunto el consolador al agujero de mi culito y apretando para que fuera entrando me dijo:.

Y dicho esto empujo el enorme consolador sin contemplaciones, yo sentí un gran dolor y como pude aguante el dolor y evitar gritar, el siguió empujando y a medida que me entraba yo notaba como me iba desgarrando mi culito, note que se me abría y empecé a notar cómo me escurría la sangre a lo largo de mis nalgas. El me dijo entonces:. Saco de la bolsa tres peras de gomas en vez de tener canaula para la irrigación tenia una ventosa de cristal dos de ellas eran iguales y la tercera era superior y esta tenía bajo la ventosa como un deposito.

Entonces cogiendo las dos que eran iguales haciendo el vacio me las puso una en cada una de las aureolas de mis pechos dejando en el medio los pezones. Comenzó a hacer el vacio con la pera sintiendo como me estiraba y succionaba mis pezones, era una sensación rara entre dolor y placer, mis pezones aumentaron de tamaño a medida que la ventosa los succionaba.

Esta caricia me volvió loca , me hizo que en un instante me entraran una ganas locas de correrme. El iba trabajando por orden cada una de las ventosas hasta que yo no pudiendo aguantar mas, empece a gritar de placer:.

Aahhhahhhhhhhh cabrón que me has hecho me vuelves loca que placereeerr , sigue , sigue no pares, no pareeess aprieta mas las peras absorbemeeee todooooo, ooohhhhhooooo me corroooooooo!

Yo cojo la ventosa con su depósito y comienzo a tragarme todos mis jugos extraídos por el aparato de mi chocha, era la primera vez que probaba tal cantidad de mis jugos, pues otras veces lo que había probado era lo que me sacaba al masturbarme en mis dedos. Me cogió por una rodilla y me ladeó ligeramente, para que mi vagina quedara justo a su altura.

Luego separó mis piernas. Entonces le pregunté nerviosa, con su mismo léxico grosero que él utilizaba:. Me recosté sobre la cama, esperando la llegada del ansiado y temido momento.

Me acaricié el clítoris para renovar mi lubricación, luego separé mis labios vaginales para mostrarle el camino a mi interior. Albert y yo nos miramos, mientras él se masturbaba salvajemente para multiplicar su erección.

Y acercando su tremenda polla a mi almeja, me penetró. Primero me introdujo su glande, luego el resto de su miembro. A juzgar por el desdén con que me trataba y la excitación que mi admirada figura debía provocarle, pensé que sería ensartada sin miramientos, pero me equivoqué. Avanzó suavemente, abriéndose paso con paciencia. Me abrió las piernas hasta forzar mis abductores para que mi orificio se estirase todo lo posible. El miembro de Albert quedó completamente engullido por mi feminidad, y mis paredes vaginales se adaptaron a su enorme tamaño como un chicle masticado.

Y entonces me dijo:. No me dejó contestar. Con una agilidad pasmosa, aquel pequeño endemoniado comenzó a bombearme. Su verga monstruosa recorrió senderos inexplorados de mi vulva, alcanzando, debido a su tamaño, una profundidad inaudita. Su miembro entraba y salía de mi sexo con dinamismo, a un ritmo alto y regular. Pero la postura pareció cansarle. Sus rodillas achaparradas sostenían todo el peso de su cuerpo, y debieron agotarse. Su culito plano se contraía y relajaba en cada penetración.

Se mantuvo así durante unos dieciocho minutos, y se levantó de repente. Tomó mi pierna izquierda y me acostó de lado. Tenía su miembro dentro de mí, pero no su horrible cuerpo ante mi cara. Sus manitas amasaban la tierna carne de mis pechos y de vez en cuando apretaba las peras de la ventosa y me succionaba como si estuviera mamando de mis pechos, para aferrarse luego a mis caderas e incrementar el ritmo de nuestro coito, notaba el consolador gigante en mi recto, todo ella formaba un conjunto de sensaciones que me subieron al séptimo cielo.

Yo le ayudé con un tímido contoneo pélvico. Su dedo pulgar me masturbaba con destreza. Un gemido recorrió mi estómago y mi garganta como un torrente, para explotar en mi boca. Me mordí el labio con fuerza mientras los traviesos dedos de Albert aserraban mi clítoris con saña, y su miembro erecto me desgarraba el interior de mi vagina. Aullé como una verdadera loba, como una puta; cerré los puños y agité mi cabeza con tanta fuerza que casi me rompo el cuello y comencé a gritar:.

Apenas tuve tiempo de prepararme para el clímax del enano, pues la sacó de un tirón y descargó todo su esperma sobre mi pubis y mi rajita. Fíjate como te he dejado tu coño de ramera. Un grueso hilo de esperma resbalaba por mi vagina y se precipitaba hacia el colchón de la cama. Efectivamente, mi sexo no presentaba un buen aspecto. Albert paseó su índice por mi dolorida vagina y lo untó de semen. Entonces me lo metió en mi boca, he hizo que me lo tragara, diciéndome:.

Separé los labios con timidez y saqué la lengua. A la vez que él decía:. El dedo se perdió entre mis labios carnosos, y saboreé la verdadera esencia del hombre. Era espesa y amarga, sucia, y tuve que esforzarme para reprimir un impulso de vomitar.

Él me limpió la boca con el extremo de su polla y se rió a carcajadas. Luego me quitó sin miramiento las compresas de mis pechos y el consolador de mi culo. No sabía que hacer, me sentía dominada hice lo que me pedía beber el líquido que entraba en mi boca. No todo iba a ser leche, verdad ramera, dijo Albert. Me bebí toda la meada que pude, por la cantidad que descargó parecía que el enano llevaba mucho tiempo sin orinar, pero buena parte del líquido me calló por la barbilla a mis enormes tetas y me manchó todo mi cuerpo desnudo, mojando la cama.

Cuando acabo de besarme, me dijo:. No lo he parado porque somos profesionales y quiero que pases por todo lo que es esta profesión de puta, todavía te quedan algunas cosas no agradables que pasar y conocer. Al ponerme de pie sentí mi cuerpo todo dolorido, sentía un dolor inmenso en mis pechos y en mi almeja, mi culo estaba desgarrado interiormente y seguía saliendo hilitos de sangre. Agarradas de la cintura y yo reclinada mi cabeza sobre l pecho de mí querida Marisa llegamos a su cuarto, me dijo:.

Me tendí en la cama y Marisa me dio la crema sobre mis aureolas y pezones y sobre mi almeja, notando un gran alivio. Luego me beso, fue a por mí blusa y mis bragas, que se habían quedado en mi cuarto de trabajo y me lo entregó junto con el resto de mi ropa para que me vistiera. Una vez vestida me preguntó:. Me marché a casa y después de comer me acosté hasta las 5,0 de la tarde en que de nuevo cogí mi coche y me dirigí a Alcobendas a casa de Marisa para revisar la grabación.

Estuvimos viendo la grabación de todo lo que había hecho por la mañana con el enano y me volví a poner caliente al reviví lo sucedido. Pero tenía duda si dejar que se publicara o no, pues se me veía perfectamente la cara y me podían reconocer. Se lo hice saber a Marisa y a Pedro y ella me contestó:.

Entonces Marisa entre risa o bromas me dice: Entonces me fui a quitar mis bragas y a ocupar su lugar para lavarme y me paró en seco diciendo: Entonces yo le comencé a decir: Comencé a chillar como una poseída, concertando gemidos graves y agudos lamentos:

Me abrió las piernas hasta forzar mis abductores para que mi orificio se estirase todo lo posible. Y él me contesto: No sabía que hacer, me sentía dominada hice lo que me pedía beber el líquido que entraba en asqueroso mas boca. Sentí asco al contemplar la calva de Albert retorciéndose al ritmo de sus lengüetazos. Gozando bajo el agua de la ducha. La pinza de birmana. Cómo multiplicar tu potencia sexual.

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